09 agosto 2006

El manzano de Newton coruñés da su primer fruto

[Ver nota en galego]



Plantado hace un año, el árbol es un ejemplar clónico del que poseía el científico en su casa de Woolsthorpe

Un ejemplar clónico del manzano que Newton poseía en su casa de Woolsthorpe, plantado desde hace poco más de un año en la coruñesa Casa de las Ciencias, acaba de dar su primer fruto. La solitaria manzana, de pequeño tamaño y color verde intenso, como corresponde a la variedad “Flower of Kent”, se formó a partir de una de las seis flores que el árbol dio esta primavera.

El manzano de Newton, y en especial la caída de uno de sus frutos, protagonizó uno de los episodios más célebres de la historia de la ciencia, como fue el descubrimiento de la ley de la gravitación universal. Parece ser que el árbol original se conservó hasta 1814, cuando cayó durante una tormenta, y su madera se utilizó para hacer sillas. Por entonces ya se habían obtenido varios injertos de aquel árbol, que dieron lugar a algunos ejemplares clónicos como el que hoy se puede contemplar en la Casa de las Ciencias, museo cuyo logotipo es, desde su fundación hace veintiún años, una manzana cayendo.

El árbol de la inspiración
Newton tenía sólo 22 años cuando en 1665 se retiró a pasar una temporada en la granja de su madre, aprovechando la tranquilidad del campo para desarrollar sus teorías sobre la naturaleza de la luz y el color o los principios de la mecánica. Por aquel entonces Galileo y Kepler ya habían logrado describir los movimientos de los planetas alrededor del Sol y de los satélites alrededor de los planetas. Pero una cosa eran los hechos y otra muy distinta sus causas: ¿qué misteriosa fuerza mantenía a los planetas en sus órbitas evitando que saliesen disparados como la piedra en una honda? En un acto de genuina creación científica Newton encontró la respuesta al misterio inspirado por la caída de una manzana, tal y como le contaría años después a su amigo, el médico William Stukeley, quien a su vez dejó constancia de la historia:

“¿Por qué había de caer siempre esa manzana en dirección perpendicular al suelo?, se preguntó. ¿Por qué no iba hacia un lado, o hacia arriba, sino constantemente hacia el centro de la Tierra? Con certeza, la razón debía estar en que la Tierra atrae a la manzana (...) Existe un poder, como el aquí llamado gravitación, que se extiende a través del Universo.”

Fue así como Newton llegó a la conclusión de que todos los cuerpos materiales se atraen entre sí con una fuerza (gravedad) cuya intensidad aumenta proporcionalmente a la masa de los mismos y disminuye con el cuadrado de la distancia que los separa. La gravedad terrestre hace que las manzanas caigan de los árboles, y también que la Luna "caiga" hacia la Tierra, describiendo una órbita a su alrededor "en lugar de salirse por la tangente".

Una idea revolucionaria
Aunque hoy casi nos parezca trivial, en el siglo XVII la idea de la gravitación universal resultaba absolutamente revolucionaria. Por aquel entonces el pensamiento occidental todavía se aferraba a la vieja noción aristotélica de que las leyes de la física que regían en la Tierra, dominada por los cambios y las descomposiciones, nada tenían que ver con las que explicaban el movimiento perfecto e inalterable de los cuerpos celestes. En cierto modo, la caída de aquella manzana desencadenó la unificación de dos universos que se consideraban estancos, convirtiendo el firmamento en un lugar tan próximo a nuestra inteligencia como pueda serlo un jardín bajo la sombra de los manzanos.

Imágenes disponibles en:
http://www.casaciencias.org/prensa/img/manzana1.jpg
http://www.casaciencias.org/prensa/img/manzana2.jpg